Sí el honor de los Peleadores de Fantasía se elevara a otros horinzontes de existencia alternativa, los títulos nobiliarios serían entregados a boleros musicales con las letras y ritmos del rock nd Roll... Algo así sucedió cuando la disquera SonyMusic BMG en Mx., lanzó un disco tributo al Príncipe de la Canción... La vestimenta que se muestra en la portada habría sido inspirada, no sólo en la portada del libro de A. S.Exupery, El Principito (Andrés Guardado) sino en la que utilizó el mismo cantautor de Bossanova, Jazz, Bolero y Balada Romántica dentro del 15 de marzo de 1970, en esta fecha representó a México en el festival internacional de la canción, el II Festival de la Canción Latina (Festival de la Canción Latina II, predecesor del Festival OTI). También Gustavo Ceratti utilizó el mismo atuendo en un concierto sinfónico.
José José salió al escenario con un tipo de gabardina. Esta prenda es un tipo de abrigo hecho en esta tela. Algunos le llaman un sobretodo de tela impermeable; tela de tejido en diagonal. También sería un tipo de tobardo que se usa en contra del frío. Se dice también que es una prenda del traje que se pone sobre las demás y sirve para abrigar; gabán, paletó, pelliza; capa; capote; chubasquero. También puede ser una vestidura de paño burdo. Se dice que en aquél tiempo las modas habían cambiado: en la década anterior las faldas de las mujeres fueron subiendo gradualmente y en 1960 se hallaban en la estratégica altura de las rodillas, por consiguiente, eran más entalladas. Las mujeres calzaban zapatos de tacones altos y afilados; las medias ya no tenían raya y circulaban las primeras pantimedias. Los sostenes eran más bien grandes y duros y casi toda la ropa interior tendía a ser conservadora, aunque ya habían aparecido los brasieres sin tirantes y los calzones bikini para hombres y mujeres… En los sesenta apareció la moda increíble con los vestidos “globo”, que en verdad lo parecían pues se inflaban en todo el cuerpo y se cerraban drásticamente a la altura de las rodillas; con ello vinieron los espérpenticos “peinados piramidales”, que amenazaban crecer a proporciones desmesuradas mediante lacas, rociadores-fijadores o de plano elaboradas estructuras que formaban elevadas y rígidas chimeneas o amplias boludeces; el cuello, eso sí, quedaba al descubierto, lo cual estaba muy bien, pero acariciar semejante cabello significaba apreciar la textura del concreto. Los hombres abandonaron los sombreros en algún momento de los años cincuenta; los pantalones se angostaron, perdiendo los pliegues y bajaron del talle; los sacos ya no eran cruzados sino abiertos, de uno o dos botones (pero después se volvieron de tres y hasta de cuatro); las corbatas se angostaron hasta convertirse en tiras raquíticas, al igual que las solapas, y las hombreras desaparecieron (J.Agustín)

